Alimentación del bebé a partir de los 10 meses

 

 

A partir de los 10 meses ya puedes empezar a introducir en la dieta del bebé, el pescado blanco, las legumbres y la yema de huevo.

La yema de huevo debes introducirla poco a poco para estar segura de que tu bebé no presenta una reacción alérgica al huevo; normalmente la introducción se hará en cuatro veces que te llevarán más o menos hasta que cumpla el año:

1ª semana: añade un cuarto de la yema a la receta de papilla que le hagas normalmente.

2ª semana: puedes añadir media yema.

3ª semana: si todo va bien, podrás añadirle la yema entera. Durante las siguientes 2 ó 3 semanas, introduce una yema en su comida habitual un par de veces por semana

6ª-7ª semana: puedes empezar a darle el huevo entero.

Es importante que le hayas introducido el huevo completo antes de la revisión de los 12 meses, ya que le pondrán la vacuna tripe vírica, que contiene trazas de proteína de huevo.

En cuanto a los purés de legumbres, intenta que éstas tengan la piel muy fina, como lentejas y alubias, y que queden bien trituradas (hay algunas marcas que disponen de legumbres sin piel).

Para preparar el pescado (a esta edad sólo pescado blanco), debes limpiarlo muy bien para que no queden restos de piel y espinas; prepáralo hervido o al horno y añade unas gotitas de aceite de oliva en crudo. El pescado aporta proteínas de buena calidad y fáciles de digerir y ácidos grasos esenciales.

Papilla 10 meses

Si tu bebé tiene especial interés por coger la comida con sus manitas o utilizar los cubiertos (a su manera), deja que experimente. También comenzará a imitar el movimiento que hacemos al masticar y se interesará por ver lo que hacemos al comer en la mesa, es importante que se vaya acostumbrando a alimentos más sólidos y no triturados, por lo que puedes ir chafándolos con un tenedor, en vez de triturarlos.

Vale, y ahora llegamos a la realidad…

Sí sí, a la realidad, porque yo tengo 3 hijos y no lo he hecho igual con los tres, entre otras cosas, porque las cosas han cambiado desde que tuve el primero, hasta que llegó la hora de la comida con la tercera; no dispongo del mismo tiempo (¡qué duda cabe!), ni me tomo las cosas de igual manera… ¡me volvería loca!.

El caso es que con el mayor lo hice todo a raja-tabla, con el segundo me tomé algunas libertades y con la tercera me he ido adaptando a su forma de comer, de crecer y he pasado un poco (en el buen sentido) de los protocolos establecidos, que al fin y al cabo, no pueden aplicarse a todos los niños por igual porque no todos los niños maduran igual.

Si intentas darle a tu hijo una plato poco triturado y te lo rechaza, ¡no pasa nada!, lo trituras bien, se lo das y la próxima semana o pasados unos días, lo vuelves a intentar; ten en cuenta que es un cambio en su paladar y a lo mejor, simplemente no está preparado, si le das unos días de tiempo, es posible que te sorprenda.

Así que, sin dejar de hacer caso a tu pediatra, intenta tener en cuenta las necesidades de tus hijos y adapta los horarios y la alimentación a su madurez… parece mentira, pero si los dejas, ellos te van guiando el camino y te lo ponen más fácil.

 ¿Cómo lo haces tu con tu bebé? ¿Te costó mucho que pasara de los alimentos triturados a los más sólidos? Déjanos un comentario contándonos cómo te fue (o te está yendo), seguro que tus experiencias pueden ayudar a otras mamis pintoras

 

 

Lou

Autor: Lou

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